Era de Acuario: el centro y su red


La diversidad es la primera ilusión.
Las escuelas, los métodos, las doctrinas.
Las múltiples sendas del hinduismo,
los tratados astrológicos de Caldea,
los iatromantes de Grecia,
los chamanes de las estepas…

Todos esos caminos —Júpiter—
son símbolos de la unidad —Neptuno.
Reflejos de una mente que se ha soñado separada,
que proyecta la unidad fuera de sí
y la persigue en el tiempo y el espacio.

Pero los sabios —hindúes, griegos, esteparios—
no están antes o allí:
están aquí mismo.
Son otra estancia en la consciencia.
No interpretan el símbolo:
son el símbolo.
No practican un método:
son la práctica viva.

Su gesto no apunta:
revela.
Su palabra no enseña:
manifiesta.
Su silencio no calla:
lo contiene todo.

Por eso su mensaje no está en el tiempo
ni en el espacio.
Está dentro.
Dentro del instante.
Dentro de uno mismo.

Los Yoga Sutras de Patanjali,
los himnos védicos,
la mística incubación apolínea,
los rituales chamánicos…
No son senderos hacia la unidad:
son expresiones de la unidad que ya es.
Semillas simbólicas, latentes,
esperando ser vistas por la consciencia
en su intrínseco holomovimiento.

Y entonces todo cae hacia el centro,
hacia el ahora.
El corazón —Leo— se abre,
y cada forma, cada instante, cada mundo,
revela que siempre fue totalidad.

A su alrededor, la red —Acuario.
La red holográfica de reflejos,
la danza aérea de los centros,
el tejido donde cada punto es un todo,
donde cada parte canta al todo que es.

Así la visión se cumple,
la pirámide "patriarcal" se disuelve,
el tiempo se pliega,
la historia se agota,
y todo retorna a su condición de todo.

Samādhi
Mokṣa
Ékstasis
Era de Acuario

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