Amigos en el tiempo — Capítulo 2. Antimateria en los bolsillos

Los dos amigos, inmersos en la atmósfera de fascinación por un descubrimiento inesperado, siguen el hilo de su exploración.

—Es curioso... Es como si el "ser consciente" no pudiese existir sin el "ser inconsciente". Y al mismo tiempo, no pudieran tocarse. Se necesitan mutuamente para poder existir, separados por una membrana de cristal... ¿Sería así?

—Así es. Son opuestos complementarios. El frío y el calor. El rojo y el verde. El día y la noche. Son partícula y antipartícula.

—¡Ostras! Las antipartículas, la antimateria... Si la materia y la antimateria se encuentran, se desintegran, generando un montón de energía. Pero solo existe materia en el universo. O eso dicen los científicos.

—Bueno, es obvio que tú te acabas de encontrar con la antimateria. Además, si solo hubiese materia, sin antimateria, sería inconsistente: si se tocan, se desintegran, las dos. Por tanto, sigue existiendo la antimateria en alguna parte.

—Espera, espera. ¿Me estás diciendo que estos amigos míos, el ser X y el ser anti-X, para abreviar, son un par partícula-antipartícula? Entonces, ¿la antimateria son esas posibilidades alternativas de las que hablas, que aparecen proyectadas en el tiempo lineal y el espacio tridimensional? Buf, necesito otro vino, amiga.

—Sírvase usted. (Risas). Exacto. ¿Y qué ocurriría si se tocaran?

—Pues se aniquilarían, liberando mucha energía. ¿No?

—Aprendes rápido, pequeño saltamontes, casi tanto como engulles vino. Sí, se desintegran. Que irónico... Realmente, se produce la integración de los opuestos. Se rompe esa realidad fragmentada ilusoria —o matrix, como le llaman. La consciencia salta fuera de la historia del personaje. Se trasciende el arquetipo. El yo y el anti-yo
se convierten en energía cuando se abrazan.

—Que bonito. Eso debe ser el amor, y no otra cosa.

(Silencio)

—Iré a por mi copa. Brindaremos por el amor.

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