En vivo y en directo: eclipses en Virgo-Piscis

Punto de no retorno, pérdida del control. Eso es. Pero la cuestión es desde dónde entendemos esos conceptos.

Lo primero que uno ve en eso es que entramos en una época de caos, de reinado de la incertidumbre. También en un periodo de insostenibilidad de nuestra manera de estar en el mundo (eso sería el no retorno).

Pero no es eso, porque todo eso es solo la última pincelada que lo personal puede dar, su último bastión. Es su umbral: la oscuridad de la muerte, de lo desconocido. Por tanto, hay que cambiar el ángulo desde el que miramos el no retorno y la pérdida de control, pues lo que impera es lo transpersonal.

Entonces, la cosa da un giro inesperado. Es lo que un día comenté, lo del cambio de variables. Donde decimos "control", diremos "relato", el relato humano. Dentro de un relato, todo fluye de manera guiada, unidireccional, automática. Es decir, relato equivale a vida como una sucesión de pruebas, o de pantallas, como en un videojuego.

En un relato —o película— no hay realidad como existencia, como un brotar de la nada, sino realidad como culminación, constatación, contraste, confirmación. En un relato las cosas son "reales" porque se igualan a lo que debería ser. El personaje de un film no es real por su mera y llana existencia, sino porque desempeña un papel.

Y ahí está el núcleo de la cuestión que tratamos: la "pérdida de control" es la fractura del guión. No es que asome el hocico la veleidad arancelaria de Trump y demás excentricidades geopolíticas, sino que la realidad como existencia está abriéndose paso desde dentro del mito social, desgarrando la obsoleta realidad guionada, determinística.

Trump o Putin no son los malos de la película: son la muestra de que lo guionado —lo controlado, si hemos seguido atentamente el cambio de variables uraniano [en referencia a Urano en Géminis]— está muriendo.

Y podemos seguir trazando equivalencias:

•Control = relato = realidad como encargos ineludibles = localidad.

•Pérdida de control = generación de relatos ("yo soy el director de la película") = realidad como simple existir = no-localidad.

Pero esto es algo muy sencillo: es que uno se da cuenta de que todo era un relato. En ese preciso instante, se detiene. Ya no hay carriles, no hay guión. El tren ha descarrilado y, curiosamente, es entonces cuando hay noción del propio tren, de ese transcurrir entre estaciones, atravesando un escenario externo.

Nos sentimos así, como los supervivientes del colapso del relato. Conseguimos salir del tren destrozado, y, sin ruedas ni carta de navegación, nos vemos solos, de pie ante un paisaje inmenso y con infinitas posibilidades en el horizonte. Ya no hay límites, puedo ir por fuera del mapeado, saltarme las vías, ir campo a través. Como hizo Truman al finalizar inesperadamente su show, puedo explorar las bambalinas del decorado, lo que otrora fue mi vida, mi mundo.

Y otra vez aparece la ubicua "quinta dimensión" [la trascendencia de los límites del espacio y el tiempo]...


Comentario al video "Eclipse solar del 21 de septiembre en Virgo: el punto de no retorno" (canal astrológico de Youtube de José Millán), ambos publicados el día 7 de septiembre de 2025, durante el eclipse total de luna en Piscis.

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